miércoles, 13 de enero de 2010

La vida de un intelectual H. C. F. Mansilla


Por: Santos Diamantino.
Tocar el tema de las memorias razonadas de don H. C. F. Mansilla es un problema. Por que ¿Cómo podríamos cuestionar una vida que ya fue? Lo que fue, ya fue y no puede ser de otra manera. Tal vez sacar los hechos más relevantes de su vida.
Ordenar geométricamente nuestra vida o por lo menos concebir de manera ordenada lo que uno representa y distinguir los acontecimientos de nuestra experiencia es tarea difícil y complicada, ya que la mente es frágil y recuerda muchas veces lo que le conviene y olvida lo más importante. Pero don Mansilla eso es lo que hizo con su autobiografía.
Lo significativo del texto Memorias razonadas de un escritor perplejo es; la ingenuidad con la que uno tropieza cuando quiere elegir algo, cuando aspira ha algo, cuando desea ser como alguien. Lo interesante es que la ingenuidad es lo inmediato dentro del conocimiento de la vida, pero no es lo esencial, sin embargo implica lo esencial porque es parte de un proceso.
Lo curioso es que el escrito esta muy racionalizado. Los procesos por los que pasa el hombre, no son siempre racionales ya que hay hechos que escapan a nuestro cálculo. Recuerdo un texto de Blaise Pascal que decía; “Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento. [...] El corazón tiene sus razones que la razón no conoce; se sabe esto en mil cosas. [...]” Tal vez haya un sentimiento racionalizado, pero no lo creo porque el ser humano no es un maquina pensante sino un ser que siente los avatares de la vida.
Lo llamativo y lo más resaltante es, que en estas memorias hay experiencias históricas tan similares a lo que hoy se esta viviendo. Al mismo tiempo que hay la mención a grandes personajes como; Alfredo Ayala, Rubén Carrasco de la Vega, Alberto Crespo Rodas, Roberto Prudencio, Fernando Diez de Medina, Marx Horkheimer, escritores, poetas, filósofos e historiadores, describiendo una relación amistosa. Teniendo la costumbre de comentar con ellos lecturas comunes y novedades culturales o preguntándose sobre política o aprendiendo de ellos. Y esto hizo que H. C. F. Mansilla creciera y se preocupara por problemas políticos. Esto le llevo a curiosear sobre ciencia política y le dio la esperanza de crear algunos rasgos políticos.
Como todo joven soñador, hay una visión utópica de la realidad. Pensando que sus aspiraciones políticas “le acerquen a las esferas del poder y sus glorias terrenas, y al mismo tiempo le permitan ingresar a la filosofía y acercarse a la esfera divina del conocimiento más elevado. Y de paso tener la oportunidad de practicar el bien en gran escala…” Mansilla se muestra como un ambicioso e ingenuo pensador. Posteriormente tratara de conectar realidad y racionalidad dentro de su triste vida.
Cuando leí el título memorias razonadas, pensé rápidamente en Gaston Bachelard, el dice que; “Cuando se trata de experiencias guiadas o construidas por la razón, el orden es una verdad y el desorden un error. Sin embargo es complejo razonar las memorias, porque son hechos que ya pasaron y buscarle una excusa a estos hechos me parece sin importancia, porque entramos en la nostalgia del así pude ser, y no del que ya fue y del que nada se puede cambiar.
Además toda acción que ya es recuerdo, no puede ser racionalizado porque son hechos impensados, es improvisado en muchos casos. Por eso es novedoso, gracias a esto hay la posibilidad de formular problemas. “La vida y la pasión se hallan siempre en un permanente desorden (o que el caos es la esencia profunda de la existencia), pero esto es sólo literatura y, por ende, la mitad de la verdad.” A esto habría que añadirle que el desorden es otro tipo de orden, que no es pensado y por eso es entretenido ya que no se habla de estabilidad sino de lo contrario.
Una de las pasiones de H. C. F. Mansilla es escribir y en su autobiografía (memorias razonadas de un escritor perplejo) describe varios pasajes de su vida, mostrando los sucesos que la vida le dio. Gracias a su misma soberbia ante la vida (El conocimiento de mí mismo es el conocimiento del mundo) perdió muchas cosas, como también gano. Pero la soberbia es como la sombra en pleno sol del día, por eso es muy humano y más en un universitario que cree que todo lo que los libros dicen es la ultima verdad. Pero esta inquietud, es una intranquilidad por entender mejor el mundo social.
Su experiencia de vida explica algunos momentos históricos que nuestro país pasó. Se muestra una Bolivia en constante cambio, hay un fuerte movimiento político. También se describe algunas calles y plazas de nuestra ciudad de La Paz. Como por ejemplo el Montículo, las reuniones en el café La Paz, el caminar de algún presidente sin su seguridad como hoy en día, la destrucción de la casa del filósofo Roberto Prudencio. La revolución nacional de 1952, que para el autor fue un descenso social ante el empuje de la élite emergente de nuevos ricos, especuladores y políticos mediocres. Estos mostraban modales horribles y costumbres detestables. Fue el triunfo del ambiente provinciano sobre los modestos logros de institucionalización y modernización que habían tratado de inducir los gobiernos liberal-democráticos. Describe como el MNR tuvo una política de arbitrariedad cotidiana y corrupción generalizada y esto envenenaba más la moral pública. El comportamiento de los miembros del MNR fueron vulgares, excediéndose en el uso del alcohol, chistes de mal gusto, había desprecio de la mujer, como dice Alberto Crespo Rodas, era la sombría trastienda de la patria.
Como respuesta aparece un nuevo partido político, comandado por don Fernando Diez de medina, el movimiento Pachakuti, corriente política contestataria. Se denunciaba todos los fraudes cometidos por los empresarios mineros. Según Mansilla, Diez de Medina aparecía como el valiente defensor de los intereses estatales, contra la corrupción de los sectores privados vinculados con el exterior. Para don Fernando diez de Medina, “Patria es el dolor de comprender”. Para don Alberto Crespo Rodas, Patria es “la gran ocupación ficticia e insincera de los Bolivianos”. Con esta cita H. C. F. Mansilla se muestra escéptico ante algunas propuestas políticas de su tiempo con su corta edad.
H. C. F. Mansilla encontró el gusto por la lectura a muy temprana edad. Se vió influenciado por los escritos de Jules Verne, al que considera literatura seria envuelta en temas exóticos. Hace una mención especial a Pedro Calderón de la Barca, por la enseñanza que le dejo, al conocer la tensión entre libertad y destino. Mansilla siempre vio a los libros como un acceso al mundo. Muestra algunos de sus deseos haciendo una “critica a la cultura política del autoritarismo y un esfuerzo de largo plazo por construir instituciones sólidas de carácter liberal democrático.” en América Latina. Piensa que Europa se deshumanizó, se considera victima de la sociedad alemana sumamente avanzada en muchos terrenos, pero pobre en sus relaciones humanas. También hay un hedonismo, que particularmente pienso no es lo mas resaltante, porque es parte de la naturalidad humana, el buscar los placeres que la vida nos ofrece. Lo importantes es las relaciones de amistad que tuvo allá en Alemania especialmente en los lugares Berlinescos.
Los Viajes que hizo le abrieron los ojos ante el conocimiento. Mansilla tiene mucha influencia de la Escuela de Frankfurt, conoció a uno de sus máximos exponentes. Seguramente el no debe olvidar ese 12 de octubre de 1972 cuando conoció a Max Horkheimer, visitándolo en su casa de Montagnola, cerca de Lugano. Lo describe como un hombre muy afectado por la edad y las enfermedades, su paso era lento, encorvado, una voz desfigurada. Él le decía; “soy la sombra de otros tiempos” según Mansilla este autor no mostraba inclinaciones egocéntricas: era un sujeto interesado en lo que el otro le vertía, dándole la oportunidad de expresarse con plena libertad. Sus preguntas eran trascendentales como por ejemplo: “quienes somos, si la existencia personal y colectiva vale la pena, como será el mundo en el siglo XXI.”
Mansilla hizo de su autobiografía un teatro del amor por sobrevivir.