viernes, 12 de junio de 2009

Un día de Vagósofo

Por, Santos Diamantino

“El hombre pasa por los tres estados: la wuebasofía, la broqueosofia y la furusofía. Porque el hombre sabio furulea, el capo broquea y el principiante wuebea.”
Santos Diamantino
Sacados de los escritos Nachlass

Como todos los días me daba mi vuelta de popularidad por las bellas calles de nuestra ciudad. Bueno ni tanto, ¿no? No hay que ser tan alharaca ¿no?
Pero el caso que les quiero contar es que anoche no había descansado porque tenía que romperme la cabeza resolviendo un trabajo de Estética, que según el autor del presente adeudo era un “regalo de cumpleaños” (que en palabras mías era una gran tortura). Entonces yo maldecía el no haber asistido a las provechosas clases del Sensei Oroza, a quien muchos admiran por su destreza artística.
Como buen estudiante, yo había recordado horas antes del día siguiente que tenía un presente de mi querido profesor. No olvidemos que estudiante significa “estudiar un día antes”
El hecho es que no recordaba que tenía un trabajo de Estética, o mejor dicho un “regalo” de Estética. Incluso, horas antes de que me acordara estuve viendo una película en el que los actores se parecían a dos eminentes docentes Ivan Oroza y Galia Domic, increíble pero cierto. Si no me creen vean la película, “Casino Royal” se llama. Por cierto, fue un obsequio de un gran amigo -defensor dogmático de los pueblos indígenas- Víctor Hugo Quintanilla alias el Sirwiñaku (para mayor referencia preguntar por las lindas chicas de Literatura, sólo tienen que decir Victor Hugo, “el Irpakas”).
El caso es que la película terminó a las 11:45 p.m. En ese momento me fijo mi horario y veo que me toca dos materias de esos, mis actores favoritos. ¡OH no! ¡Qué macana!, mañana me toca estética y filosofía marxista, ¡que hagooooo! En ese instante me dije: ¡Poder es querer! ¿O mejor me duermo? y es que este regalo de cumpleaños no parece un obsequio.
Luego de varias discusiones con mi flojera decidí llamar a un amigo para así cerciorarme de que sólo era esa ofrenda. Así que llamé a San Joseph o mejor dicho a Joseph Paredes, también conocido como el furulero por autonomía, para saber si había alguna práctica de filosofía marxista y el me dice: -hermanoy, no fui por que estaba en Cocha. -Phucha, qué wueva! –Dije- Yaahora que hago!
Entonces llame a mi gran amigo broqueador, bohemio, Heidegger Boliviano, todo es pues, porque de todo lo gusta ser, Tincho Mercado o mejor dicho San Martin de los mercados, el otro furulero por antonomasia. Y él me dio una información al estilo Heidegger: es decir, con muchas vueltas y difíciles de entender. Después del rollo sólo le había entendido que tenía que hacer el amor al estilo de Ludwing Feuerbach. ¡Phucha chee! ¡Qué wueva! Difícilps es eso che oee. Cómo pues será eso.
Le di vueltas al asunto y nada, entonces dije “Khaman” tu puedes Santosam.
Trate de entrar en sintonía escuchando a Schubert y luego Wagner, no ve que así lograron ser buenos pensadores algunos filósofos; yo pues quería lo mismo. Haber si así podía realizar mejor ese “obsequio” de los “Casino Royal”.
Lo genial era que no podía concentrarme, porque al lado mío tenía una discoteca peruana. Mi vecino ponía su música tan alta como si todos los días fueran viernes de soltero y sólo escuchaba una sola cinta que decía: “desde el Perú para ti con mucho cariño, Sonia Morales, Sonia Morales” sin ofender a nadie dije ¡qué tortura! “de aquí pa allá, de aquí pa allá” phucha Martha que tormento.
Gracias a esta bulla no podía ir más allá en mi trabajo como me lo pedía la metafísica. Pero por Feuerbach entendí que no era necesario eso, pues “cualquier intento de ir más allá de la naturaleza y del hombre es vana especulación sin sentido”. Aunque no sé todavía como se hace el amor a lo Feuerbach dije: ¡Ah! Qué bueno! Ya le achunté a algo. Luego el desgraciado éste me dice que “el hombre es lo que come”. Phucha! a parte de ser complejo, le achunta che. Justo porque ese día había comido mal, este Feuerbach se pasaps oe.
Gracias a los pegajosos temitas de Sonia Morales no podía entender nada de marxismo ni de estética. Bueno, tampoco era novedad, nunca entendía. Yo quería proyectar mis cualidades, anhelos, aspiraciones y deseos fuera de sí; quería extrañarme o alienarme de sí mismo y construir la idea de que podía hacer el trabajo, pero no podía, lo mejor hubiera sido que ese señor callara su thanta radio. Ese sí hubiera sido un verdadero “regalo”.
Así entre Sonia Morales de aquí pa’llá, resultó que lo peor fue que hice mucho, pero mal. Me estresé demasiado con los regalos de los profesores. Eran grandes regalos que me cansé abriéndolos.
Al día siguiente, me levanté con ganas de estudiar, pero al ver los regalos a medio abrir en mi escritorio, me volví a estresar. Me puse a cantar Sonia Morales, Sonia Morales para relajarme. Ya ni modo, ¿no?
Fui a clases y estuve de sueño como siempre, y nuestra profesora nos pidió que le mostráramos los regalos y le contáramos sobre nuestros obsequios. Sólo recuerdo que ese día expuse a la de Dios:
“En lugar de una moral basada en el amor a Dios, el humanismo de Feuerbach propugna una moral basada en el amor al ser humano y en la esencia del hombre.”
OH Gran Feuerbach ERES la GRAN WUEBA decimonónico.
Y no sé si dije lo que dice Feuerbach. Tampoco sé si lo sabré. Sólo sé que hesito no más dije. Así que me fui a mi refugio y al bullicio de la Sonia Morales. Todo eso en un día de filósofo o mejor: ¡muchos días de vagósofo-furulero!