lunes, 22 de junio de 2009

EDUCACIÓN Y RACIONALIDAD CRÍTICA.

Por: SANTOS DIAMANTINO
El argumento que expone Adorno es, que Auschwitz no se repita, debido a la actitud irracional de ese tiempo. Una actitud donde la fuerza primaba, la represión era el modelo educativo. Este paradigma no ha sido tomado en cuenta de forma profunda, es por eso que hay la posibilidad de la repetición de Auschwitz. Este es el principal analisis que va realizar Adorno Theodor Wiesengrund (1903-1969) La educación después de Auschwitz, Conferencia originalmente realizada por la Radio de Hesse el 18 de abril de 1966.
Adorno no quiere que Auschwitz se repita porque sería retornar a la barbarie, época en que se deterioro la educación. Por eso es que “Auschwitz lo fue”, lo pernicioso esta, que seguirá esos argumentos, mientras haya hombres que aun defiendan ese tipo de educación. Lo peor es que hay gente que defiende estos modelos educativos y cree que estamos evolucionando, cree que estamos entrando en una nueva civilización y creer esto es una falacia. Esta supuesta civilización esta generando rasgos anticivilizatorios reforzándola de modo progresivo, por algunas ideas que aún quedan de la época de Auschwitz. Si esto es civilización, solo será una remodelación de la época de Auschwitz y la lucha contra esto será inútil. Ya que estará dentro de su mismo sistema.
¿Cómo impedir todo esto? Para ello es necesario tomar conciencia de esta desesperación sino se quiere caer en una fraseología idealista[1]. Para Adorno el concepto idealismo viene disfrazado de buenas acciones y contra estas hay que combatir. Claro ejemplo son las personas que murieron en la primera guerra mundial y pueden seguir muriendo por ciertas actitudes de poder.
El mismo afirma;
“No creo que sirviese de mucho apelar a valores eternos, pues, ante ellos, precisamente quienes son proclives a tales crímenes se limitarían a encogerse de hombros; tampoco creo que ayudara gran cosa una tarea de ilustración acerca de las cualidades positivas de las minorías perseguidas. Las raíces deben buscarse en los perseguidores, no en las víctimas, exterminadas sobre la base de las acusaciones más mezquinas. En este sentido, lo que urge es lo que en otra ocasión he llamado el «giro» hacia el sujeto. Debemos descubrir los mecanismos que vuelven a los hombres capaces de tales atrocidades, mostrárselos a ellos mismos y tratar de impedir que vuelvan a ser así, a la vez que se despierta una conciencia general respecto de tales mecanismos. No son los asesinados los culpables, ni siquiera en el sentido sofístico y caricaturesco con que muchos quisieran todavía imaginarlo. Los únicos culpables son quienes, sin misericordia, descargaron sobre ellos su odio y agresividad. Esa insensibilidad es la que hay que combatir; es necesario disuadir a los hombres de golpear hacia el exterior sin reflexión sobre sí mismos.”[2]
Primer argumento que desecha son los valores eternos, son axiomas que violan la libertad del hombre. El segundo argumento que rechaza es, la inutilidad de poder enseñarles las cualidades positivas que tienen aquellos grupos minoritarios al que se persigue y se tortura. Para Adorno estas son exterioridades al verdadero problema. La solución esta en aquellas personas que persiguen, como por ejemplo los soldados, los profesores, aquellos que tienen el poder de enjuiciar. Es la vuelta al mismo sujeto que oprime, que supuestamente sabe, Adorno llama a esto “giro hacia el sujeto”. Hay que tratar de explicar ¿Por qué el sujeto oprime? A partir de ello tratar de enseñarles, para que dejen de ser así y crear una conciencia autocrítica.
Sin embargo el gran problema esta en la sociedad, hay un malestar en la cultura llamada claustrofobia[3] de la humanidad. Es un mundo totalmente regulado por un poder central y todo debe girar en torno a ella. Y muchos ansían salir de ella por la opresión humana pero el mismo sistema les impide salir. Frente a esto hay un enojo interno por lo tanto hay un desquite con los demás, por esta frustración humana.
“Pero el malestar en la cultura tiene un aspecto social -que Freud no ignoró, aunque no le haya dedicado una investigación concreta-. Puede hablarse de una claustrofobia de la humanidad dentro del mundo regulado, de un sentimiento de encierro dentro de una trabazón completamente socializada, constituida por una tupida red. Cuanto más espesa es la red, tanto más se ansía salir de ella, mientras que, precisamente, su espesor impide cualquier evasión. Esto refuerza la furia contra la civilización, furia que, violenta e irracional, se levanta contra ella”.[4]
Este fracaso tiene como blanco a los débiles, ya que es más fácil aprovecharse de ellos que de los que manejan el poder.
El otro rasgo característico es que hay una sociedad que se integra más gracias al poder central pero se aleja más de las verdaderas necesidades, metiendo ideas de disociación, separación, división y lo peor es que van en progreso.
El paradigma de La educación después de Auschwitz, es una enseñanza critica, la gente se ilustra mejor, hay un clima espiritual, cultural y social que no admite la repetición de Auschwitz; un clima, en el que los motivos que condujeron al terror hayan llegado, en cierta medida, a hacerse conscientes. No de un mero sentimentalismo sino de una autonomía, de una fuerza de la reflexión, de la autodeterminación, del no entrar en el juego del otro.
“Cierta experiencia me asustó mucho: leía yo durante unas vacaciones en el lago de Constanza un diario badense en el que se comentaba una pieza de teatro de Sartre, Muertos sin sepultura, que contiene las cosas más terribles. Al crítico la obra le resultaba francamente desagradable. Pero él no explicaba su malestar por el horror de la cosa, que es el horror de nuestro mundo, sino que invertía de este modo la situación: frente a una actitud como la de Sartre, que se ocupó del asunto, difícilmente -procuro ser fiel a sus palabras- tendríamos conciencia de algo superior, es decir que no podríamos reconocer el sinsentido del horror. En una palabra: con su noble cháchara existencial el crítico pretendía sustraerse a la confrontación con el horror. En esto radica, en buena parte, el peligro de que el terror se repita: que no se lo deja adueñarse de nosotros mismos, y si alguien osa mencionarlo siquiera, se lo aparta con violencia, como si el culpable fuese él, por su rudeza, y no los autores del crimen.”[5]
Hay muchos críticos que no pueden reconocer aquello que verdaderamente hace daño, solo hacen críticas desde fuera, sin analizar el verdadero sentido del problema. En Adorno es importante identificar al criminal, no le importa tanto el crimen sino quien es el que mata.
El problema es que no se analiza bien la autoridad y la barbarie se la hace de forma vaga, cita a Eugen Kogon, en su libro “Der SS-Staat” en ella nota que los torturadores del campo de concentración en el que Kogon mismo estuvo, eran en su mayor parte jóvenes hijos de campesinos. Los campesinos se desfogaban con los citadinos, por la diferencia cultural, ciudad/campo. Pero Adorno piensa que no es culpa de nadie, el haber nacido en un campo o en una ciudad, el problema esta, en el grado de civilización de los campos, por falta de apoyo o asesoramiento del Estado. Para Adorno uno de los objetivos de la educación esta en la des-barbarización del campo, esto supone un estudio del modo de pensar de esos pueblos. Después analizar los efectos de la comunicación, que en estos pueblos se dio.
“Para cambiar esta situación no podría bastar el sistema normal de escuelas populares, a menudo harto problemático en la campaña. Se me ocurre una serie de posibilidades. Una sería -estoy improvisando- que se planeasen programas de televisión que atendiesen a los puntos neurálgicos de ese específico estado de conciencia. Pienso también en la formación de algo así como grupos y columnas móviles de educación, integrados por voluntarios, que saliesen al campo y que, a través de discusiones, cursos y enseñanza suplementaria, intentasen suplir las fallas más peligrosas. No ignoro, por cierto, que difícilmente tales personas hayan de ser bien recibidas. Pero no tardará en constituirse un pequeño grupo de discusión en torno de ellos, que podría, tal vez, convertirse en un foco de irradiación.”[6]
Esto dos aspectos que señala como sugerencia, programas de televisión y la formación de grupos y columnas móviles de educación; son base para incidir en una educación auto-reflexiva. No obstante muchos educadores aun optan por la fuerza, al no poder explicar su forma de pensar recurren a la violencia entonces hacen uso de su autoridad. Estas actitudes hay que eliminarlas de la educación porque causan un dolor físico y mental. El rigor no hace perfecto al hombre sino lo opaca más, el creer que sus ideales son perfectos y supremos. El concepto de educación es abierto al dialogo, es la lucha de contrarios y resiste mas el que esta mejor fundamentado.
“El ideal pedagógico del rigor en que muchos pueden creer sin reflexionar sobre él es totalmente falso. La idea de que la virilidad consiste en el más alto grado de aguante fue durante mucho tiempo la imagen encubridora de un masoquismo que -como lo ha demostrado la psicología- tan fácilmente roza con el sadismo.”[7]
El usar la fuerza, el rechazar con aspereza, el ser insensible ante el otro, son rasgos característicos que no ayudan a la construcción de una sociedad, en vez de progresar, retrocedemos cada vez más.
“la educación debería tomar en serio una idea que de ningún modo es extraña a la filosofía: la angustia no debe reprimirse. Cuando la angustia no es reprimida, cuando el individuo se permite tener realmente tanta angustia como esta realidad merece, entonces desaparecerá probablemente gran parte del efecto destructor de la angustia inconsciente y desviada.”[8]
Es necesario saber el padecimiento del otro, sus sentimientos, etc. ya que durante mucho tiempo se creía que siendo duro con los demás se va enseñar y aprender mejor. Idea falsa esta solo era una indiferencia al dolor, donde no hay la distinción entre dolor ajeno y propio. La persona dura consigo misma se arroga el derecho de ser dura también con los demás, y se venga en ellos del dolor cuyas emociones no puede manifestar, que debe reprimir.
La educación debe superar esto, no debe utilizar la fuerza, la dureza con los demás sino debe incidir en la crítica en la autorreflexión. La mano dura no lleva a la libertad del individuo, lleva a la manipulación del individuo, que es resultado de la educación autoritaria. Para Adorno tiene las siguientes características;
“El carácter manipulador -cualquiera puede controlarlo en las fuentes que sobre esos dirigentes nazis están a disposición de todo el mundo- se distingue por su manía organizadora, su absoluta incapacidad para tener experiencias humanas inmediatas, un cierto tipo de ausencia de emoción, de realismo exagerado. Quiere a cualquier precio llevar adelante una supuesta, aunque ilusoria, política realista (Realpolitik). Ni por un momento piensa o desea al mundo de otro modo que como este es, poseído como está de la voluntad of doing things, de hacer cosas, indiferente al contenido de tal acción. Hace de la actividad, de la así llamada effieiency como tal, un culto que tiene su eco en la propaganda del hombre activo.”[9]
Son hombres que tienen la conciencia cosificada, es decir, tales hombres se han identificado a sí mismos, en cierta medida, con las cosas. Luego, cuando les es posible, identifican también a los demás con las cosas. Por conciencia cosificada entiende Adorno, una conciencia que se ciega respecto de todo ser devenido, de toda comprensión de la propia condicionalidad, y absolutiza lo que es-así.
Ahora esta conciencia cosificada no va solo, va acompañada de la técnica, que en muchos casos ha exagerado.
“Los hombres tienden a tomar la técnica por la cosa misma, a considerada un fin autónomo, una fuerza con ser propio, y, por eso, a olvidar que ella es la prolongación del brazo humano. Los medios -y la técnica es un conjunto de medios para la autoconservación de la especie humana- son fetichizados porque los fines -una vida humana digna- han sido velados y expulsados de la conciencia de los hombres. Formulado esto de manera tan general, no puede menos que parecer evidente.”[10]
Hay una sobre valoración de la técnica, donde se lleva una vida con mayor rapidez, donde hay hombres que son incapaces de amar, son hombres absolutamente fríos. Su amor esta absorbido por las cosas, por las máquinas, lo penoso es que a esto se considera civilizado, este es el espíritu del mundo una indiferencia ante lo que al otro le sucede. En la sociedad actual hay un individualismo en el cual vela por lo propio y si es posible aplaca al otro. Esto aprendió el hombre a ser frío, no se siente amado, no tiene la capacidad de identificarse, es egoísta por que defiende lo propio antes que nada. Y esto se ha hecho una ley general en relación con el orden establecido.
Adorno aclara que no se trata de una predica del amor, el considera que a todos nos falta amor. Y ve una posible solución; comprendiendo las condiciones que determinan el surgimiento y el esfuerzo por contrarrestar esta frialdad. Es importante procurar que la frialdad cobre conciencia de sí, así como también de las condiciones que la engendran.

Segunda parte.

Muchos comentan sobre la educación en Bolivia, pero muy pocos se dedicaron a resolver el problema y eso es in-entendible. Ahora explicar todo el problema, no es posible porque es muy grande. Pero uno de los problemas detectados es, que no haya sido tomado en cuenta en la historia pasada, las agresiones físicas y psíquicas por parte del que enseña. Estos son elementos barbáricos, que dieron razón a mecanismos anti-civilizatorios.
Esta es buena razón para que se repita el problema de la barbarie, el no tener conciencia de lo que se vivió, es por eso que siempre será banal discutir sobre estos temas.
Muchos dicen seguimos en lo mismo no hay progreso, ¿Por qué será? Pensamos que mientras siga los argumentos barbáricos la educación nunca progresara, porque seguirá en lo mismo.
El punto es detectar aquellos engendros que no dejan evolucionar a la educación. No dejarse llevar por lo mágico, sino por lo real y necesario. Actualmente vivimos una serie de paradigmas que nos ofrecen un nuevo tipo de sociedad con rasgos supuestamente benéficos pero muchas de ellas vienen con rasgos anti-civilizatorios y lo peor es que va en crecimiento. Por eso es necesario detectar ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Cuál es el malestar en la cultura? O ¿si en el fundamento mismo de civilización esta situada la barbarie?
Adorno no quiere que se repita Auschwitz, en nuestro caso sería, que no se repita aquellas actitudes que hicieron tanto daño a la sociedad. Como por ejemplo adormecer la conciencia del hombre, no dejar que el hombre se ilustre, tener actitudes arrogantes, totalitarias, mandamases, no asumir sus problemas sino culpar a los otros sin razón. Estas si son perniciosas para la sociedad.
¿Que es la barbarie en Adorno?
“algo muy simple, en el hecho concretamente, de que en el estado de civilización técnica altamente desarrollada, los seres humanos han quedado de un modo curiosamente informe detrás de su propia civilización”.[11]
¿Cuáles son los elementos bárbaros?
Esto son las opresiones, momentos represivos. La superación de la barbarie en Adorno “no ha de ser en una línea del moderantismo, de una eliminación de los afectos fuertes, ni si quiera en la eliminación de las agresiones. La frase de Strindberg “como podría amar lo bueno si no odiara lo malo” sigue pareciéndome tan válida ayer como hoy en este contexto”.[12]
Adorno tiene bien claro que la educación debe superar el pasado, todos aquellos hechos bochornosos. Y comprometerse con los nuevos hechos sociales donde el hombre se convierta en actor superando muchos problemas que anteriormente se tenía. El hombre debe ser auto-crítico, no debe tener actitud autoritaria
Por eso es que Adorno ha hecho, de Auschwitz, concepto de contingencia, concepto de irracionalidad de la historia, porque iva contra la racionalidad del hombre.
La historia pierde su misterio salvífico, o, más exactamente, éste queda invertido. Auschwitz és una contra-salvación. La pérdida del misterio salvífico se refleja, según Adorno, en los escritos de Kafka, que intuyen un espacio entre la vida y la muerte.
El artículo Educación después de Auschwitz comienza presentando el imperativo educativo derivado del hecho de que Auschwitz fue: que no se repita. La existencia de la barbarie abre la posibilidad de su repetición y deja planteado un imperativo moral de carácter principal. La educación ha de estar determinada, por tanto, por la discontinuidad histórica que introduce el Lager[13]. El hecho de que se la haya dedicado poca atención suscita la alarma. Es preciso replantear la exigencia ante el riesgo de que Auschwitz se repita porque la presión social continúa gravitando. Educación para la autonomía, para la no colaboración, sería el programa didáctico derivado del imperativo de que Auschwitz no se repitiera, junto con la eliminación de la violencia sobre el cuerpo.
La identificación ciega con lo colectivo, la cosificación de la conciencia que produce la técnica o la emergencia del nationalismus[14] son también factores de la aparición de la barbarie. Todo ello conduce a una didáctica que tendría que transformarse en sociología, es decir, enseñar sobre el juego de fuerzas sociales que hay bajo la superficie de las formas políticas.

Tercera parte.

Para finalizar Adorno ve a la Educación como superación del pasado y de las causas de la historia. En ello es importante el compromiso social de las instituciones educativas: educación para actuar en el mundo, más que para repetir modelos.
Es necesaria una autocrítica del sistema educativo. Se tiene que invalidar el concepto de profesor como autoridad objetiva.
Invalidez del concepto de examen, ya que la ciencia debe complementarse siempre con la reflexión.
Hay que destacar sobre todo las circunstancias que rodean a las personas.
El profesor y las instituciones deben aportar perspectivas globales, con la necesidad principal de ser personas, por encima de intelectuales educadores.
La educación debe llevar al descrédito respecto a lo que se nos ofrece como educación “buena” o como sociedad “buena”.
Debe haber una motivación del alumno entendida como reflexión a partir del hecho educativo, elevándose por encima de las cosas.
Crítica ideológica constante de la función y los tipos de educación que nos transmiten los medios de comunicación de masas.
Necesidad de vivenciar lo que aprendemos y realizar la reflexión a partir de dicha experiencia.
Finalmente una necesidad de reflexión sobre el material y la técnica educariva no entendidos como un fin en sí mismos, sino como un medio utilizado por el ser humano y la sociedad a lo largo de todas las épocas.

[1] El idealismo (en el sentido de idealismo material) es la teoría que sostiene que la existencia de las cosas del espacio fuera de nosotros es, o bien dudosa e indemostrable, o bien falsa e imposible. La primera postura, que defiende que sólo la afirmación empírica “Yo existo” es indudable, constituye el idealismo problemático de Descartes. La segunda postura es el idealismo dogmático de Berkeley. Este idealismo afirma que el espacio, con todas las cosas a las que va ligado y a las que sirve de condición inseparable, es algo imposible en sí mismo y que, consiguientemente, las cosas del espacio constituyen meras fantasías. Immanuel Kant: Crítica de la razón pura, Ref. del idealismo, B 274 (Alfaguara, Madrid 1988, 6ª ed., p. 246-247).
[2] Theodor W. Adorno. “La educación después de Auschwitz”. Conferencia originalmente realizada por la Radio de Hesse el 18 de abril de 1966; se publicó en Zum Bildungsbegriff des Gegenwart, Franefort, 1967, pág. 102.
[3] Por claustrofobia se entiende una aversión a un estado cerrado.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd. 104.
[6] Ibíd. 105.
[7] Ibíd. 106.
[8] Ibíd.
[9] Ibíd. 107
[10] Ibíd. 108.
[11]Theodor W. Adhorno: “Educación para superación de la barbarie” y “educación para la emancipación” Madrid: Ediciones Morata, S. L., 1998, pp. 105.
[12] Ibíd. 107.
[13] Se entiende por Lager; como “Cerveza Añeja”
[14] Palabra alemana que significa; The nationalism, el nacionalismo